Desde las semillas, pasando por la distribución hasta la cocción de los alimentos, proponemos y experimentamos posibles alternativas que renueven nuestras relaciones sociales, económicas y políticas. Somos un equipo múltiple y en flujo constante, siempre inquietos a nuevos encuentros y desarrollando proyectos independientes de forma colaborativa. Basados en nuestro común interés por la cocina, exp
loramos potenciales herramientas de contestación en las varias prácticas culinarias cotidianas. Entendiendo la importancia de la comida en los juegos de poder actuales, desarrollamos proyectos micro-políticos como forma de resistencia. Al poner como primordial la autonomía financiera de cada proyecto, buscamos posibles economías informales o paralelas al mercado dominante (especulación, imperialismo económico, globalización financiera, multinacionales, supermercado, agroindustria, transgénico,...) Vemos estas iniciativas como puentes sobre las fronteras entre el campo y la metrópolis, entre barrios de clases distintas. De modo sencillo, proponemos contra-narrativas a las ficciones dominantes, ya sea en la relación con los alimentos, en los enlaces sociales o en las conexiones entre culturas sociales. Los proyectos desarrollados son formas de experimentar desde la práctica situaciones locales y particulares. Trabajamos haciendo antes de analizar, teniendo confianza en nuestro instinto. Eso evita imponer una fuerte mirada pre-definida y nos permite enfocarnos en el hecho, la experiencia y las personas. Los proyectos se hacen desde los participantes, aprovechando los conocimientos, formaciones y sensibilidades de cada uno, abierto a la contradicción y el debate. Los participantes se suman libremente a cada iniciativa creando un rizoma de colaboradores. Para ayudar este proceso dentro de una idea de libre intercambio inspirado en la cultura hacker, utilizamos licencias libres (elegimos la creative commons by-sa). Para generar dinámicas autosostenibles, construimos desde lo mínimo, trabajando más con organización en red que con inversión. Vemos la cocina como una forma creativa, produciendo conocimiento más que objetos. Esta producción inmaterial se compone de red y rizoma humano, donde el enlace entre un proyecto y otro permite que se alimentan mutuamente. Como con los productos de temporada, “hacer con lo que hay, no con lo que quieres”. Construimos desde lo local, tomando nuestra energía del viaje, fuente de movimiento que provoca el mestizaje. Aparecen pequeños sistemas autónomos, en equilibrio; como un risotto alimentándose del agua de un caldo de vegetales.