BREVE REGLA: Comentarios que ataquen, justifiquen o promuevan la violencia serán eliminados. Asímismo, aquellos comentarios que ataquen directamente a otras personas, sobre todo cuando se trate de quienes expresan experiencias personales de violencia. La contención a estas personas prima absolutamente por sobre la "libertad de expresión" (o más bien falta de respeto) de quienes realicen este tipo
de comentarios.
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En la Marcha de Lxs Putxs Chaco-Corrientes, nos animamos a pensar y actuar en la pluralidad, en contra de toda violencia patriarcal, en contra de sus herramientas y estructuras, como lo son el machismo y la cultura de la violación. Nos animamos a crear un espacio con otra lógica, que no someta, presione ni obligue a nadie a ir en contra de sus deseos y preferencias. Y nos abrimos a la posibilidad de crear lazos que consideramos valiosos, que nos ayudan a construir relaciones distintas, que no son utopía, que se hacen reales en cada actividad, propuesta, discusión y dinámica dentro del grupo y fuera de él. Nos proponemos evidenciar la violencia machista de nuestras relaciones cotidianas, individuales y colectivas; crear modos más respetuosos de interacción y construcción colectivas; dejar de responsabilizar a las víctimas de violaciones, abusos y maltratos, darles un espacio de contención y construir las herramientas necesarias para protegernos, amarnos, cuidarnos, respetarnos y destruir las relaciones de poder que nos limitan, oprimen y someten. En nuestro nombre utilizamos la “x” porque reconocemos que no solo las mujeres sufrimos la violencia, y porque reconocemos el amplio campo de posibilidades de identidades sexuales y de géneros. Somos un movimiento que se nutre con cada persona, porque consideramos el valor de cada aporte dado por la existencia de cada uno. Invitamos a la sociedad entera a escuchar nuestro mensaje y hacerlo suyo, a darle su propia voz, a animarse a decir lo que hace tiempo viene callando. Y así también invitamos a todos a formar parte de otra lógica, así no sea dentro del movimiento mismo necesariamente, para actuar y pensar fuera de la violencia patriarcal y animarnos a sentir de otra manera. Invitamos a todos a acercarse y construir juntos otra realidad, más respetuosa para todos, igual en posibilidad y diferente en cada identidad. Historia de la Marcha de las Putas
La Marcha de las Putas nació en Canadá, en la ciudad de Toronto, en respuesta a una declaración hecha por un policía, Michel Sanguinetti, en una charla sobre seguridad: “Las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser violadas”. En ese mismo auditorio, se encontraban los canadienses Sonya Barnett y Heather Jarvis, que darían inicio a un movimiento de carácter internacional. El movimiento creció y se expandió por diferentes países: Brasil, Francia, España, Argentina, Estados Unidos, el Reino Unido, Australia, India, México, Argentina, Colombia, Costa Rica, Perú, Ecuador y Uruguay, Paraguay, Panamá, Nicaragua..., en tanto se logró dimensionar de que no se trataba de un hecho aislado ni del pensamiento de un solo policía que seleccionó las palabras equivocadas: se trataba, y se trata de un problema sistemático que afecta a todas las mujeres por igual (y de allí a toda la sociedad) y en distintos niveles, sea personal, social, cultural o político. Tomando la indignación inicial por aquella declaración hecha por el policía, el movimiento decidió transformarla en acciones contra la violencia patriarcal, principalmente contra la cultura de la violación. Consolidándose como movimiento, se propuso evidenciar la violencia que sufren las mujeres a diario, reconociendo también la violencia hacia los hombres y hacia quien no pueda encasillarse en los estándares binarios del patriarcado, que tras cada acto de violación concluye en que la responsabilidad era y es siempre de la víctima. La Marcha de Las Putas rechaza esta premisa, y decide actuar en conjunto para modificar nuestras formas de relacionarnos, con bases en el respeto y la solidaridad. Todas las acciones dependen de la idiosincrasia, las posibilidades y la necesidad de cada región o grupo, habiendo, entonces, diversas propuestas artísticas, intelectuales, sociales y culturales diferentes y plurales, que procuran brindar asistencia y contención a las víctimas de abuso (sexual, físico, psicológico), formar un pensamiento crítico de despatriarcalización de las relaciones interpersonales, poner en práctica instancias de diálogo, consenso y solidaridad, así como también dar herramientas para la protección de la integridad física, emocional y psicológica frente a la violencia de todo tipo, así sea en talleres de defensa personal o en los mismos grupos de contención. Cuando se plantea el problema del patriarcado y de la violencia machista, no se está planteando, en absoluto, una guerra de sexos ni nada similar, sino que se está intentando cuestionar una serie de privilegios que se le otorga al varón, como también las restricciones que les cabe, y una serie de limitaciones e infravaloraciones asociadas a la mujer, como también obligaciones que carga. Del mismo modo se cuestiona este binarismo varón-mujer, que excluye la pluralidad de identidades. Y el porqué de “La Marcha de las Putas” radica en este punto, en este cuestionamiento que escapa al estereotipo del buen hombre o macho y la buena mujer, y su contraparte: el puto y la puta, el mal hombre y la mala mujer. Uno de los grandes problemas a los que se enfrentan quienes son considerados putos o putas es a la cultura de la violación, y es la problemática principal que la Marcha de las Putas intenta cuestionar y erradicar. La cultura de la violación es aquella violencia que tenemos interiorizada y que reproducimos en actos de nuestra vida cotidiana, como si fuera natural, teniendo como consecuencia responsabilizar y hacer cargar el peso de la violencia a la víctima dejando impune al victimario, y sin cuestionar la estructura que lo hace posible. La cultura de la violación es un conjunto de actos, creencias y pensamientos que condicionan nuestros tratos para con las personas. Algunos de estos actos son: hacer referencia a la vestimenta o comportamiento de quien sufre un abuso sexual y considerar que fue la causa del mismo (“se lo buscaba” o “se lo merecía”), o creer que el varón no puede contener sus “instintos sexuales”, y que por ésta razón es impune para ejercer cualquier acción violenta sobre otra persona (“pero uno no es de madera” o “¿qué otra cosa iba a hacer si la tipa estaba re buena?”). Putas son las mujeres que son llamadas al silencio, a la marginalidad. Son las mujeres que nadie quiere ver ni escuchar, las que no tienen nada para decir, nada para ofrecer. Putos son los hombres que dan vergüenza porque no saben estar a la altura que la hombría requiere, son ridículos, y por lo tanto nadie los toma en serio. Son los hombres que han caído tan bajo que se los compara con las malas mujeres, con las putas y locas. Por eso nos llaman putas y putos, porque se pretende ocultarnos. Y por eso decidimos mostrarnos y hacernos ver, romper el silencio y aunar nuestras voces:
Para que a ninguna mujer violada le digan que no lo cuente, o a una mujer golpeada le digan que se calle porque se lo buscó, o a una mujer con una pollera corta le digan que se tape. Para que a ningún hombre le enseñen que tiene derechos sobre las mujeres, o le obliguen a ocultar lo que siente o a valorar condicionados por la moral patriarcal. Ya no nos tapamos ni callamos más. Entonces, nos llamamos “putas” porque nos vestimos como queremos, y nos queremos vestir como putas; porque hacemos lo que nos gusta, y nos gusta salir a bailar, seducir, estudiar, hacer política o graffitis o carteles o abrir espacios que sean nuestros sin tener que hacerle ningún favor a nadie; porque no nos gusta que nos violen, ni que abusen de nosotras, ni que nos vean como objetos, ni tener que dar explicaciones de nuestras decisiones personales, ni tener que cuidarnos de los hombres, ni que nadie piense que tiene el derecho de decirnos lo que quieren o de hacer lo que quieran con nosotras. Nos llamamos putas porque no nos ofende, nos une. Nos llamamos “putos” porque a veces sentimos ternura y nos gusta demostrarlo; porque tenemos amigas a las que valoramos y no tenemos ninguna intención sexual con ellas; porque no tenemos ningún instinto que nos obligue a violar, abusar o acosar; porque no queremos obligar a nadie a satisfacernos; porque nos gusta ocuparnos de nuestra salud y nuestra apariencia; porque nos gusta ocuparnos de la casa; porque no somos más ni menos que nadie; porque el lugar del “hombre afeminado” no nos duele (porque lo femenino no es algo ya definido y nunca es una ofensa); porque tomamos este lugar y lo hacemos propio: con razones, pasiones, y lo que nazca de nosotros y en conjunto. Para contactarse con La Marcha de lxs Putxs:
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