27/04/2026
🎈.𝗘𝗹 𝗗𝗶́𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗡𝗶𝗻̃𝗼 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗴𝗮𝗹𝗼𝘀, 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗼𝗽𝗼𝗿𝘁𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗿𝗱𝗮𝗿𝗹𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗼𝗻 𝘃𝗮𝗹𝗶𝗼𝘀𝗼𝘀, 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘆 𝗾𝘂𝗲𝗿𝗶𝗱𝗼𝘀.
Cada año, cuando se acerca el Día del Niño, algo curioso sucede en las escuelas: la alegría de los niños muchas veces queda en segundo plano, mientras crecen las comparaciones, las quejas y las exigencias de los adultos.
Que si a un grupo le dieron más.
Que si a otro menos.
Que si la bolsa tenía pocos dulces.
Que si la comida no fue suficiente o no estaba “a la altura”.
Que si el maestro no regaló nada.
Y en medio de todo eso se nos olvida lo más importante: los niños, quienes no están contando dulces, están buscando momentos.
Para un niño, la felicidad no está en el tamaño de la bolsa, sino en la emoción de recibirla.
No está en la cantidad de comida, sino en compartirla con sus compañeros.
No está en comparar, sino en disfrutar.
Pero cuando los adultos entramos en competencia, en crítica constante, en ver “quién dio más y quién dio menos”, terminamos enseñando justo lo contrario de lo que queremos: sembramos inconformidad en lugar de gratitud.
Ser maestro en estos días no es solo organizar un festejo, es también cargar con expectativas que muchas veces no tienen fin. Y aun así, muchos lo hacen con el corazón, con lo que tienen, con lo que pueden… no con lo que sobra.
Porque la verdadera pregunta no debería ser: ¿Qué se les dio a los niños?
Sino:
¿Qué experiencia les dejamos todos los adultos que estamos cerca de ellos?
El Día del Niño no es una competencia de regalos, es una oportunidad para recordarles que son valiosos, importantes y queridos.
Y tal vez como adultos, necesitamos volver a aprender algo básico: La felicidad no se mide, se vive.
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