09/09/2026
Hay formas de amar, esperar, elegir o sostener vínculos que vivimos como si hubiesen estado siempre ahí.
Como si fueran, simplemente, nuestra manera de ser.
Pero nuestra historia también puede ser releída.
Una experiencia nueva, un vínculo diferente, una pérdida elaborada o una pregunta que antes no podía hacerse pueden abrir otra manera de mirar lo vivido.
Y cuando algo puede leerse de otra manera, también puede empezar a vivirse de otra manera.
Quizás ahí haya algo valioso de un proceso terapéutico:
no descubrir “quién soy en realidad”, sino reconocer cómo fui llegando a ser quien soy, qué de eso todavía deseo y qué ya no quiero seguir sosteniendo.
Una historia deja marcas.
Pero no tiene por qué quedar cerrada sobre sí misma.
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ESPACIO ARÉVALO
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