Para mí sí. Y en realidad pensándolo bien creo que muchos tendrán el mismo parecer. Hay que tener valor. Son de esas afirmaciones universales, que le cierran a todos. Dicen que es bueno aclarar desde dónde uno habla, así dicen. Y a mí me parece que eso está bien. Porque bueno, hay que tener valor, pero ¿Cómo es eso? ¿Cómo hacemos para tener valor? ¿Ejercitamos la valentía? ¿Nos ponemos en venta? ¿
Qué es el valor? Como que doy vueltas ¿no? Pero pasa que no es fácil, a algunos le salen esas frases heroicas, que resumen grandes conceptos e ideas en una sola oración. Yo no soy de esos, pero sí leí a algunos de esos. Entonces bueno, voy a citar a uno de esos hablando del valor. El tipo lo escribió a las apuradas, en una carta a sus hijos, muy cortita, le tiró un par de consejos y una de las cosas que les dijo fue: “Acuérdense que cada uno de nosotros, solo, no vale nada”. Y ese es nuestro “desde dónde”: si solos no valemos nada, no nos pongamos en venta, juntémonos, organicémonos.
“Somos los actores de la cruda realidad”
En eso andamos con el Movimiento Cultural Hagamos Lo Imposible, haciéndonos valer, organizándonos para aportar a la construcción de un mundo nuevo, a la transformación de la sociedad actual. Somos un Movimiento de jóvenes que no nos conformamos con lo que hay, con los malos menores, creemos que otro mundo es posible, siempre y cuando trabajemos conscientemente para lograrlo. Somos un Movimiento de talleristas barriales, artistas, comunicadores y educadores populares que vamos a los barrios a socializar nuestros conocimientos, a confrontar nuestros saberes con los de los propios vecinos, para enseñar y aprender, para construir colectivamente un conocimiento crítico que nos ayude a vivir mejor, que nos ayude a organizarnos mejor para así enfrentar con más herramientas los problemas que la sociedad actual genera permanente e inevitablemente; un movimiento cultural que construye y fomenta centros culturales, para aportar a un circuito alternativo de producción, distribución y exposición artística, que sea propio de los trabajadores de la cultura; construimos centros culturales que a su vez sean centros sociales, centros que no son indiferentes a los más de 60 muertos en las inundaciones de la Plata, que no son indiferentes a los chicos asesinados por el gatillo fácil, centros que participen activamente de la realidad que los atraviesa; un movimiento cultural que fomenta el desarrollo de medios comunitarios, alternativos y populares, que en el ejercicio de la contrainformación se basen en los intereses populares, difundiendo lo que ni Clarín ni 678 tienen planeado informar. Pero claro, así parece que estos pibes se quieren crear su mundito, un mundo piola y en paralelo al actual, con sus medios, sus barrios, sus artistas y demás. Un mundo que se hace el boludo y es indiferente a los grandes problemas de la sociedad. Pero no, esas ideas ya fueron superadas por la historia, construimos nuestro (contra) mundo, para pelear mejor por el mundo, para disputarlo, para que sea de quienes lo construimos todos los días con nuestro trabajo: los pobres, los trabajadores, los estudiantes.
“Yo he preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado”
Y tampoco nos conformamos con quienes nos invitan a elegir la faceta menos dolorosa de este mundo. Y esto es porque bueno, a uno le hacen preguntas medio tendenciosas ¿no? Por ejemplo: “¿Más, o menos?” Si tenemos que elegir, entonces más, está clarísimo. ¿Un mundo más justo o uno menos? ¿Un mundo más bello o uno menos? Y sí, uno más justo y más bello. Pero ahí hay gato encerrado, porque si esos son los términos, siempre tenemos un mundo más o menos… Y entonces si nos preguntan: ¿Tenes mundo? Y qué se yo… más o menos. Seamos claros y categóricos, peleamos por un mundo justo, no por uno más justo; peleamos por otro mundo, no por este un poco mejorado. Y así es que no vamos a los barrios a embellecer la pobreza, para que sea menos dolorosa, vamos a organizarla para superarla definitivamente. Y así con el resto de los dolores, duele la contaminación ambiental, duele la inflación y que “la pucha… no llego a fin de mes”, duelen las inundaciones, duele que sube el alquiler y que no llego a los apuntes. Y todos estos dolores son los síntomas de la enfermedad enferma que nos enferma y duele. Y hay que hablar sin miedo de esa enfermedad. Cuando éramos niños costaba nombrarla, era tan difícil como nombrar a Voldemort en Harry Potter… pero si costaba nombrarla no era porque fuéramos niños, sino porque éramos niños en los 90’. Y hoy somos jóvenes hijos del 2001, hijos del pueblo y no de los gobiernos, jóvenes que nos atrevemos a decir, nuevamente, que esa enfermedad tiene nombre: esa enfermedad se llama capitalismo. Y entonces bien, bajemos la fiebre, pero también matemos al virus que la genera, che. Ayuda memoria: hay que destruir al capitalismo… y no es un problema de si este es un capitalismo jodón, neoliberal, o si es un capitalismo careta, que se rescata y se hace el serio. EL PROBLEMA ES EL CAPITALISMO.
“No acepten lo habitual como cosa natural pues en tiempo de desorden sangriento, de confusión organizada, de arbitrariedad conciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer imposible de cambiar.”