26/09/2017
Desde Oceana Chile
Era 25 de septiembre del 2002 cuando Garra se enredó con el fondeo de una embarcación cerca de la costa de Puerto Pirámides, argentina. Desesperado, se retorcía con fuerza en un intento por zafarse mientras los habitantes del pueblo comenzaron a aglomerarse al borde de la playa. Garra era una , un macho joven que luchaba con ahínco por su vida, y cuyo nombre fue inspirado por la forma de la mancha blanca presente en la parte posterior izquierda de su cuerpo.
Quedaban dos opciones: esperar a que el muriera encadenado o hacer una maniobra arriesgada. Inclinándose por la segunda y con la ayuda de una embarcación, un tractor y la marea, los buzos y capitanes vararon a la ballena de manera intencional. Durante horas, numerosos pobladores colaboraron arduamente para mantener con vida al mamífero marino, mientras los rescatistas retiraban las cadenas que le dejaron profundas heridas. Una vez logrado el cometido, solo quedaba esperar que subiera la marea. Con el angustioso avance de las horas, la franca se debilitaba dando señales de que no iba a resistir, por lo que los vecinos comenzaron a lanzarle más agua y a cavar alrededor suyo para facilitar la llegada del mar. Cuando al fin el comenzó a bañar el cuerpo de Garra, este revivió y, con grandes coletazos, retornó a las profundidades, en medio de la alegría y celebración de todos quienes ayudaron en el rescate.
A casi cuatro años de ocurrido este hecho, los marinos escucharon algo que llamó su atención a través de las radios de las embarcaciones: Garra había vuelto a Puerto Pirámides, siendo identificado por su característica mancha blanca y las cicatrices de su accidente. La historia de Garra caló hondo en la comunidad, quedando en la memoria de todos quienes participaron y conocieron la emotiva historia que demostró cómo el compromiso puede lograr acciones increíbles, y que nos recuerda – a través del - la responsabilidad que tenemos como humanidad para conocer y proteger a estos magníficos habitantes del océano. 🐋