31/07/2026
Hay espacios de la casa que uno termina evitando.
No porque sean feos.
No porque estén mal diseñados.
Sino porque a ciertas horas sentarse ahí se vuelve insoportable.
El brillo pega directo, la vista se cansa, el calor aumenta y lo que debería ser una sala para disfrutar termina siendo un lugar del que uno quiere salir rápido.
Y entonces pasa lo absurdo:
tenés ventanales enormes, pero cerrás cortinas. Tenés una sala preciosa, pero casi no la usás.
Controlar el exceso de brillo no es un lujo.
Es volver a ocupar tu casa completa.