21/08/2026
El evangelio era para Pablo el motivo principal de su existencia
«Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo». — Gálatas 1:11-12 (RVR1960)
En segundo lugar, era el evangelio de Pablo en el sentido de que le había sido revelado directamente: «El evangelio anunciado por mí no es según hombre; pues yo no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo» (Gálatas 1:11-12). Y también: «Mi evangelio... según la revelación del misterio» (Romanos 16:25); «Subí según una revelación, y les expuse el evangelio que predico entre los gentiles» (Gálatas 2:2); «Por revelación me fue declarado el misterio» (Efesios 3:3).
El Evangelio era el motor que impulsaba los sentimientos, acciones y planes del apóstol; por eso lo llamaba «su evangelio», el cual a su vez reflejaba perfectamente el propósito eterno de Dios para su vida y para la de todos los elegidos. Para Pablo, la buena noticia de la gracia constituía el motivo principal de su existencia. Desde la introducción de su carta a los Romanos, señala haber sido apartado para el Evangelio de Dios, consciente de que su llamado vital era servir como embajador de esa verdad gloriosa.
No sería una exageración afirmar que Pablo respiraba, soñaba, comía y vivía por y para el Evangelio. Solo alguien que tiene la verdad de Cristo en tan alta estima puede llamarla «mi evangelio». El apóstol llevaba esta revelación incrustada en su espíritu, de tal manera que en su corazón latía el compromiso indeclinable de proclamarla dondequiera que iba.
El único evangelio
Existía un rasgo en el mensaje que predicaba Pablo que lo distinguía radicalmente de cualquier otra doctrina. Mientras denominaba «mi evangelio» al mensaje que proclamaba, calificaba a cualquier otra enseñanza divergente como un evangelio falso y anatema. Pablo declaró firmemente que el mensaje anunciado por él era el único Evangelio verdadero, pues provenía directamente de Cristo y de Dios. Cualquier otro discurso que difiera de esta verdad representa confusión y tergiversación; por lo tanto, es un mensaje bajo maldición.
Cuando Pablo utilizaba la frase «mi evangelio», no pretendía sugerir que fuera una invención de su autoría. El apóstol afirmó con vehemencia que su predicación no era producto de ideas o filosofías humanas, sino el resultado de la revelación misma de Jesucristo. El evangelio de Pablo no era otra cosa que el único y verdadero mensaje divino.
Si estás predicando el auténtico Evangelio del Reino de Cristo tal como lo hacía Pablo, si vives para él, si lo llevas en las entrañas, si lo respiras, lo sueñas y lo amas de tal manera que lo has hecho propio, tú también puedes unirte al apóstol y declarar con convicción que el Evangelio de Cristo es ¡mi evangelio!
Preguntas de reflexión personal
¿De qué manera se evidencia en mis decisiones y prioridades diarias que el Evangelio es el motor principal de mi existencia y no solo un aspecto secundario de mi vida?
¿He abrazado el Evangelio con tal entrega y convicción que puedo considerarlo "mi evangelio", o continúo relacionándome con la verdad de Dios de forma distante y superficial?
Oración guiada
Padre celestial, te doy gracias por la revelación pura y transformadora del Evangelio de Jesucristo. Perdóname por las ocasiones en que he permitido que otros intereses ocupen el lugar central que solo le corresponde a Tu verdad. Te pido que grabes Tu mensaje en lo más profundo de mi espíritu, para que la proclamación de Tu gracia sea el motor que impulse mis pensamientos, palabras y acciones. Conduce mi vida de tal forma que pueda encarnar Tu Palabra con fidelidad, amándola y compartiéndola con valentía como el único y verdadero Evangelio. En Cristo Jesús, amén.
Lectura: Gálatas 1:6-9, 11-12, 2:2; Romanos 1:15, 16:25-26; Efesios 3:3, Romanos 1:15.
Del plan de lectura devocional "El Evangelio: El motivo de mi existencia" por Basilio Patiño en colaboración con El Centro Network - www.redrema.org - www.elcentronetwork.com