19/05/2026
Fabricante de etiquetas
“Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones”. — Jeremías 1:5 (NVI)
Nombrar medicamentos parece un trabajo divertido. ¿A quién se le ocurrió Claritin, Tylenol o Flonase? Esto me hizo pensar: ¿Quién tiene derecho a nombrar o etiquetar algo? Hay dos categorías de personas:
Creadores: Cuando creamos algo, tenemos derecho a etiquetarlo. Cuando nacen los bebés, sus padres les ponen nombre.
Compradores: Cuando compramos algo, tenemos derecho a etiquetarlo. Al adquirir una mascota, lo primero es ponerle un nombre.
Algunas etiquetas se llevan como una insignia de honor, otras como una vergüenza. Algunas nos las ponemos nosotros, mientras que otras nos han sido dadas. Esta colección de etiquetas da forma a nuestra identidad. El psicólogo David Benner define la identidad como "aquello que percibimos y experimentamos ser: el yo que cada uno lleva dentro". Entonces, ¿quién tiene derecho a moldear nuestra identidad y definir quiénes somos?
Génesis 1:26 nos dice que Dios nos hizo a Su imagen y semejanza; Jeremías 1:5 añade: “Antes de formarte en el vientre te conocí”. Miremos también los Salmos:
- Salmo 100:3 (NVI): “Él nos hizo, y suyos somos”.
- Salmo 119:73 (NVI): “Con tus manos me creaste, me diste forma”.
- Salmo 139:13 (NVI): “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre”.
Dios nos creó, nos diseñó y nos formó desde lo más íntimo hasta lo visible. Él nos conoce más profunda y completamente que nosotros mismos. Si alguien está calificado para etiquetarnos adecuadamente, es Dios. Ni la sociedad, ni los medios, ni las redes sociales están facultados para moldear nuestra identidad. A pesar de lo que creemos, ¡nosotros tampoco! Nuestra identidad no depende de sentimientos, sino de nuestro Creador. Además, Dios no solo está calificado por habernos hecho, ¡Él también tiene el derecho porque nos compró!
1 Pedro 1:18–19 (NVI) dice: “Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo”. El precio que Dios pagó fue el tesoro más valioso: Su Hijo, Jesucristo. Él lo pagó todo para liberarnos, darnos vida eterna y llamarnos Sus hijos e hijas.
Pausa: ¿Por qué es Dios el único facultado y con derecho a darnos nuestra identidad?
Práctica: ¿Cuáles son algunas de las etiquetas que has llevado? ¿Cómo han moldeado tu identidad? En una tarjeta, describe las tres etiquetas más profundas que te han marcado. Debajo de la etiqueta, escribe el guion interno que esta ha creado en ti. Al otro lado, escribe una etiqueta que Dios te ha dado en Cristo, según las Escrituras.
Oración: ¡Padre, hoy reconozco con gratitud que soy plenamente Tuyo/a! Todo mi ser, mi identidad y mi propósito vienen de Ti y se centran únicamente alrededor de Tu voluntad. Te pido que me ayudes a caminar firme y confiado/a en la identidad redimida que he recibido a través de Tu Hijo Jesús, rechazando cualquier etiqueta falsa que el mundo o mi propio corazón intenten imponerme. Fortalece mi fe para recordar siempre que fui comprado/a a un precio incalculable y que mi verdadero valor está escondido en Tu amor eterno y perfecto. En el nombre de Jesús, amén.
Por el ministro Danny Saavedra
Lectura: Jeremías 1:5.
Del plan de lectura devocional "Hecho para esto: un estudio de identidad, pertenencia y propósito" por Calvary Chapel Ft. Lauderdale - http://Resources.CalvaryFTL.org