30/10/2026
¿Sabías que en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México existió un convento tan enorme que ocupaba varias calles y llegó a ser uno de los conjuntos religiosos más importantes de toda la Nueva España?
Se trata del antiguo Convento de San Francisco el Grande, un complejo franciscano cuya historia comenzó en el siglo XVI, durante los primeros años del periodo virreinal. Su importancia fue enorme, pues no solamente funcionó como centro religioso, también fue uno de los principales puntos de evangelización y educación de la época.
Para dimensionar su tamaño, el conjunto llegó a ocupar el terreno delimitado por las actuales calles de Francisco I. Madero, Eje Central Lázaro Cárdenas, Gante y Venustiano Carranza. ¡Prácticamente varias manzanas del Centro Histórico! Contaba con iglesia, convento, varios claustros, capillas, huerta, atrio y diferentes dependencias. Incluso albergó una de las instituciones educativas más importantes de los primeros años de la Nueva España.
De hecho, el antiguo convento es considerado el más grande que se construyó en la Ciudad de México. Aunque no hace falta atribuirle el título de más grande de toda la Nueva España para entender la enorme dimensión que llegó a tener.
Pero ¿qué pasó con semejante complejo? Su desaparición estuvo relacionada con las transformaciones políticas y urbanas del siglo XIX. Tras las Leyes de Reforma, que impulsaron la separación entre la Iglesia y el Estado y la nacionalización de los bienes eclesiásticos, el convento fue intervenido, dividido y desmantelado. Se abrieron nuevas calles, se vendieron terrenos y muchos de sus edificios fueron demolidos para dar paso a otros usos y construcciones.
Por eso, actualmente encontramos sus vestigios repartidos entre diferentes inmuebles del Centro Histórico. Se conservan el templo de San Francisco, la Capilla de Balvanera, restos de otras capillas, parte del antiguo claustro principal, que hoy ocupa un templo metodista, y algunos espacios que formaron parte del conjunto original.
Y ahora sí, hablemos de su arquitectura, porque la fachada que vemos tiene muchísimo que contar.
Lo primero que hay que saber es que esta portada corresponde a la antigua Capilla de Balvanera, del siglo XVIII, que actualmente funciona como acceso al templo de San Francisco. No es la fachada original de la iglesia principal, que sufrió modificaciones y pérdidas a lo largo de su historia.
Su estilo es barroco churrigueresco, una de las expresiones más ornamentadas del barroco novohispano. Se caracteriza por la abundancia de relieves, formas curvas, elementos decorativos y composiciones que aprovechan prácticamente toda la superficie de la fachada.
Uno de sus elementos más interesantes son los estípites, esas estructuras verticales de apariencia alargada y forma invertida que parecen sostener y organizar la composición. A diferencia de una columna tradicional, su cuerpo tiene diferentes secciones y volúmenes. En esta fachada se utilizan para dividir visualmente los espacios y darles profundidad.
También podemos reconocer varios nichos, que son esos espacios hundidos en los muros destinados originalmente a colocar esculturas de santos o figuras religiosas. Algunos tienen remates con forma de co**ha, conocidos como veneras, un motivo muy utilizado en la arquitectura barroca.
Los medallones y los relieves ornamentales complementan la decoración. En la arquitectura religiosa de aquella época, estos espacios podían contener imágenes, símbolos o referencias relacionadas con la fe y las órdenes religiosas. En esta portada varios se encuentran actualmente vacíos.
La composición también incorpora cornisas, molduras y frontones, elementos que sirven para marcar divisiones, rematar estructuras y dar distintos niveles de profundidad. Todo está trabajado principalmente en cantera gris, cuya textura permite apreciar el minucioso trabajo de los canteros.
Y hay algo que hace todavía más interesante su historia: lo que hoy conocemos como una fachada monumental es solamente una pequeña parte de aquel enorme conjunto franciscano que durante siglos ocupó varias calles de la capital novohispana.
Un lugar que fue centro de evangelización, educación y vida religiosa, y cuya historia todavía permanece en distintos rincones del Centro Histórico de la CDMX.