18/10/2020
RELOJES DE SOBREMESA. .
Desde el siglo XVIII en adelante, el bronce dorado fue muy utilizado en Francia para la producción de muebles para el hogar, objetos ornamentales, relojes, y en la inagotable gama de motivos decorativos para incorporar en la ornamentación de todo tipo de muebles. Los artesanos franceses lograron diseños elegantes y perfectamente ejecutados que nunca han sido igualados. Entre los artesanos más famosos estaba Pierre-Philippe Thomire (1751/1843), broncista que fue uno de los intérpretes más sensibles del gusto del Imperio. Comenzó su carrera en el reinado de Luis XVI en el taller de Pierre Gouthière (1732-1813 / 18). Desde 1790 trabajó estrechamente con el ebanista Beneman, convirtiéndose en el principal proveedor de bronces para la decoración de las residencias reales, y bajo Napoleón, el broncista más famoso de Francia. En 1809, su taller empleaba a más de 700 trabajadores. Después de la retirada de su fundador en 1823, continuo la producción como la firma “Thomire et Cie”, que siguió operando hasta el Segundo Imperio, produciendo principalmente réplicas de bronce y reducciones de esculturas famosas. .
RELOJES IMPERIO
Ya a finales del siglo XVIII, y desde mediados de la década de 1770, los relojeros franceses participaron de un nuevo movimiento artístico; el neoclasicismo. El estilo predominante en la Arquitectura; la Pintura, la Escultura y las Artes Decorativas.
Estilo que surgió durante los últimos años del reinado de Luis XV, principalmente como una reacción a los excesos del rococó, pero también en parte, como consecuencia de la popularidad que origino dentro de los ilustrados, los hallazgos en las excavaciones de Herculano y Pompeya, que dieron lugar al inicio de una nueva ciencia: la Arqueología.
Por lo tanto, los relojes, como parte integrante de las Artes Decorativas, se adaptaron al nuevo estilo, prescindieron de la excesiva ornamentación y los diseños excesivamente elaborados del estilo rococó, tan típico del reinado de Luis XV.
Los relojes fabricados en Francia durante los períodos históricos de Luis XVI; la Revolución, el Directorio, Consulado y el Imperio incorporaron este nuevo lenguaje artístico con diseños clásicos, entiéndase la introducción de motivos ornamentales clásicos, primero romanos y después griegos, ya que relojes romanos, pues no era posible. En el caso de las piezas del estilo Luis XVI, la piedra, generalmente mármol blanco, alabastro, biscuit y a veces el marfil, se combinó con bronce dorado y / o patinado, aunque generalmente fueron completamente fundidos en bronce. Algunos modelos eran arquitectónicos (es decir, sin figuras), mientras que otros exhibían figuras de estilo grecorromano.
Durante la década de 1790, la producción de objetos en bronce dorado aumentó considerablemente a medida que las condiciones de trabajo se hicieron más fáciles. La libertad de comercio iniciada por la Revolución Francesa permitió que muchos fundidores, que durante el régimen antiguo trabajaron en talleres estrictamente limitados a la fabricación de objetos en bronce, desarrollaran grandes fábricas. Aprovecharon esta oportunidad para ejecutar todas las etapas del proceso de fabricación, de los objetos de bronce dentro de una fábrica, y dibujaron, fundieron, cincelaron, doraron, ensamblaron y vendieron los objetos de sus propios talleres. Los artesanos todavía se beneficiaron de la capacitación previa a la Revolución y trabajaron de acuerdo con los estándares de un arte de lujo del antiguo régimen, pero tenían mejores medios de producción y organización.
El uso de bronce dorado para manufacturar artículos de lujo, podría argumentarse que alcanzó su nivel de perfección mayor, a principios del siglo XIX en Francia. Este modo de trabajo no era nuevo en Francia, ya que había gozado de reputación internacional en Europa desde el reinado de Luis XIV, y que continuó durante todo el antiguo régimen. Una de las razones de este éxito son las cualidades técnicas inherentes al bronce. Más barato que el oro y la plata, es un material común, fácil de moldear y ennoblecer dorándolo al mercurio, “ormolú”. Por esta razón, se convirtió en el material favorito para la fabricación de las ‘cajas’ o receptáculos adornados con gran variedad de temas, que contenían las máquinas de relojes, candelabros y ornamentos para muebles. Gracias a la habilidad de notables moldeadores, fundidores y cinceladores del bronce, estos objetos no eran simplemente unos relojes, sino que se convirtieron en objetos de arte.
Esta edad de oro terminó hacia finales de la década de 1820, cuando las generaciones de artesanos y obreros especializados se fueron extinguiendo. Los metales más baratos comenzaron a usarse cada vez más (por ejemplo, latón) y la fundición de bronce entró en una mayor mecanización, sacrificando la artesanía para promover una mayor productividad, y con ello reducir los costes, para lo que se necesitaba de menores tiempos en los procesos de fabricación.
En los relojes estilo Imperio, el bronce fue el material principal utilizado y tanto las técnicas de patinados, como especialmente las técnicas de “ormolú” (dorado al mercurio) se usaron ampliamente, alcanzando su apogeo durante el Imperio. De hecho, los acabados de modelado fino; dorado en brillo, mate, y en pátina oscura, que fueron utilizados en estos relojes de péndulo, producidos en serie son incomparables. La mayoría de los ejemplares estuvieron totalmente fundidos en bronce y otros combinados con una base o soporte hecha de mármol, alabastro o pórfido. Sin embargo, la madera, caoba o palosanto, y el cristal tallado, utilizado durante la Restauración, también fueron adoptados, pero con escasa frecuencia.
Durante este período hubo entre 40 y 60 talleres con fundidores, doradores, plateadores y cinceladores en París. Los fundidores utilizaron usualmente la técnica de la cera perdida.
El moldeo a la cera perdida, fundición a la cera perdida o vaciado a la cera perdida es un procedimiento escultórico que permite obtener figuras de metal (generalmente bronce y oro) por medio de un molde que se elabora a partir de un prototipo tradicionalmente modelado en cera de abeja. Esta tecnología fue desarrollada en la Antigüedad de manera independiente y paralela por los sumerios, indios, chinos, mesoamericanos e incas, la cual fue adoptada por civilizaciones contemporáneas o posteriores.
Para la fabricación de objetos con la técnica de moldeo a la cera perdida, se utiliza un modelo en cera. Este modelo previo es rodeado de una gruesa capa de material refractario que se solidifica; una vez endurecido, se mete en un horno, que derrite la figura de cera, saliendo ésta por unos orificios creados al efecto (de ahí su denominación) y, en su lugar, se inyecta el metal fundido, que adopta la forma exacta del modelo. Para extraer la figura es necesario retirar el molde, que se pierde.
La principal ventaja de este procedimiento es la estrecha tolerancia dimensional, la cual no puede conseguirse mediante otros procesos. Es posible conseguir dimensiones ajustadas de 0,002 mm por mm. Es un proceso en el que se tiene que controlar numerosas variables, pero obtenemos un acabado superficial excelente. Es un proceso caro, por lo que se utiliza para la fabricación de preseries y prototipos, pudiendo ser utilizado en volúmenes de producción bajos.
Esta forma de trabajar el metal (bronce), requiere un largo, costoso y complicado proceso junto con una perfecta y adecuada combinación de diversos oficios: para el proyecto general y la coordinación, los escultores; para los primeros pasos, los moldeadores; para la labor de horneado, los fundidores y para el acabado, los cinceladores y patinadores.
Los fundidores del siglo XVIII, usualmente hicieron un modelo en cera, a partir de un boceto y de este modelo de cera se hizo un molde de yeso que resultaba en negativo, y que serviría para reproducir de nuevo la figura en cera, para después hacer con esta cera un nuevo molde de material refractario que se usaría para fundir la figura definitiva en bronce, y que al desmoldearla se iba a perder, tanto la cera, como el molde de material refractario. Con estas figuras que se elaboraban de forma independiente, se podía combinarlas y realizar diferentes montajes, en las escenas que se representaban en el diseño de un reloj.
El dorado se realizaba al mercurio, también llamado “ormolú” (del francés «or moulu», es decir oro molido, y a partir de la voz inglesa “ormolu”) se refiere a la aplicación a un objeto de bronce de una amalgama de oro finamente molido. Los franceses denominan esta técnica “bronze doré”, en español bronce dorado.
La fabricación del primitivo “ormolú” empleaba un proceso conocido como “dorure au mercure” o dorado a fuego, en el que una solución de nitrato de mercurio era aplicada a una pieza de cobre, latón o bronce, seguida por una aplicación de aleación de oro y mercurio.
Luego el objeto era sometido a temperaturas muy elevadas hasta que el mercurio se quemaba y el oro permanecía adherido al objeto metálico. Debido a la exposición a los vapores dañinos del mercurio, la mayoría de los doradores no sobrevivían más allá de los 40 años a causa del envenenamiento por mercurio. Incluso en aquellos días, tomaban todo tipo de precauciones, que incluían el uso de mascarillas con respirador, diseñadas para inhalar el aire por detrás de la cabeza, y el método de la plata de masticar, en los mejores talleres les daban un trozo de cuero para colocar sobre la lengua, con una moneda de plata y, al final del día, la moneda había ‘convertido’ en oro, pero ninguna de estas medidas era suficiente para evitar los daños del mercurio.
Con el dorado aplicado, se bruñía la superficie presionando la capa de oro sobre los poros del soporte con la ayuda de una herramienta o bruñidor con una piedra dura en su extremo, como ágata o hematita. Con este proceso se conseguía un baño de oro duradero, pero solo podía aplicarse a objetos pequeños por razones de manipulación y de resistencia al fuego.
A partir de 1830 la fabricación tradicional de “ormolú” en Francia hubo de abandonarse porque la ley prohibió el uso de mercurio. Por lo tanto, otras técnicas fueron utilizadas en su lugar, pero nada supera la belleza y riqueza del color que el método original de dorado al mercurio tenía. La técnica del “ormolú” es esencialmente la misma que la utilizada en la plata, para producir chapado de oro (también conocido como “vermeil”)
El bronce dorado, producido por “fondeurs-ciseleurs” (modeladores en bronce) se hizo habitual en los montajes decorativos de muebles, relojes, candelabros y lámparas, así como en el metal ornamental aplicado en las cajas de los relojes e incluso en piezas de cerámica. Entre los diseñadores y ebanistas franceses del siglo XVIII al XIX puede destacarse a Jean Jacques Caffieri, cuyos acabados en bronce dorado era tan finos como el trabajo de un joyero.
En lo que respecta al mecanismo (máquina), de estos relojes, hacia fines del siglo XVIII, las máquinas, se convirtieron en un producto fabricado en serie. Conocidas como "Pendule de Paris" (movimientos de París, o Francia), fueron un mecanismo impulsado por un fleje de acero enrolladlo -la cuerda-, que proporcionaba movimiento durante ocho días con escape de ancla, péndulo suspendido con hilo de seda y una rueda de conteo que hacía sonar una campana cada media hora, y a las horas completas. Para la década de 1840, la suspensión del péndulo por media del hilo de seda, simple y muy efectiva fue siendo reemplazada por varios sistemas de suspensión de resorte ajustable.
El reloj de péndulo fue inventado en 1656 por el científico holandés Christiaan Huygens, siendo patentado al año siguiente. Huygens encargó la construcción de sus diseños al relojero Salomon Coster, y se inspiró en las investigaciones de los péndulos iniciadas por Galileo Galilei alrededor de 1602. Galileo descubrió la propiedad clave que hace de los péndulos útiles para el cronometraje: el isocronismo, lo que significa que su periodo de oscilación solo depende de su longitud. Galileo tuvo la idea del reloj de péndulo en 1637. Su hijo inició su construcción en 1649, pero nunca lo terminó. La introducción del péndulo, el primer oscilador armónico descubierto, incrementó enormemente la precisión de los relojes, que pasó de unos 15 minutos diarios a unos 15 segundos diarios, propiciando con su rápida aceptación que los antiguos relojes del tipo 'foliot' se adaptasen para añadir un péndulo a sus primitivos mecanismos.
Estos antiguos relojes adaptados, debido al tipo de sus escapes, tuvieron péndulos con oscilaciones de hasta 100° de amplitud. En su análisis de 1673 de los péndulos, “Horologium Oscillatorium”, Huygens demostró que las grandes oscilaciones hacían el péndulo inexacto, provocando irregularidades en su frecuencia, y por lo tanto en la velocidad del reloj. Llegó a la conclusión de que solo péndulos con pequeñas oscilaciones de unos pocos grados son isócronos, lo que motivó la invención del escape de áncora alrededor de 1670, permitiendo reducir la oscilación del péndulo a valores comprendidos entre 4° y 6°. El áncora se convirtió en el escape estándar utilizado en los relojes de péndulo. Además de una mayor precisión, el reducido movimiento pendular requerido por el sistema de áncora obligó a adoptar péndulos más largos, que necesitan menos energía y que causaban menos desgaste en el movimiento. El péndulo de segundos (también llamado 'péndulo Real'), de 0.994 m de largo, en el que cada oscilación dura un segundo, llegó a ser ampliamente utilizado en los relojes de calidad. Los primeros relojes con sus características cajas largas y estrechas alrededor de estos péndulos, fueron construidos hacia 1680 por William Clement, se hicieron famosos, y eran conocidos como “longcase clock” o reloj del abuelo. La mayor precisión resultante de estos avances provocó la aparición de la aguja de los minutos (previamente muy rara), que se añade a las esferas de reloj hacia 1690.
La ola de innovaciones relojeras en los siglos XVIII y XIX que siguió a la invención del péndulo trajo muchas mejoras en este tipo de relojes, como el escape sin retroceso inventado en 1675 por Richard Towneley y popularizado por George Graham alrededor de 1715 en sus relojes de precisión, con el nuevo sistema “regulador” que sustituyó gradualmente al escape de áncora y que se utiliza en la mayoría de los relojes de péndulo modernos. La observación de que los relojes de péndulo atrasaban en verano hizo ver que la dilatación y la contracción de la barra del péndulo con los cambios de temperatura era una fuente de error apreciable. Esto se resolvió mediante la invención de los péndulos con compensación de temperatura: el péndulo de mercurio de George Graham en 1721; y el péndulo de parrilla de John Harrison en 1726. Con estas mejoras, los relojes de péndulo de precisión de mediados del siglo XVIII alcanzaron precisiones de unos pocos segundos por semana.
Hasta el siglo XIX, los relojes se construían a mano por artesanos individuales y eran muy caros. La rica ornamentación de los relojes de péndulo de este período indica su valor como símbolos de estatus de las clases sociales altas. En Europa, los relojeros de cada país y región desarrollaron sus propios estilos distintivos. En el siglo XIX, la creación de fábricas de relojería hizo que los relojes de péndulo fueran gradualmente asequibles por las familias de clase media.
Es necesario destacar que, a diferencia de los relojes construidos en el siglo XVIII, en Francia, y que por obligación del Gremio debían de estar firmados, una vez que se abolió durante la Revolución, la dictadura de los gremios, para con la obligación del marcaje para controlar la producción de cada taller, la autoría en muchos de los relojes del Imperio permanece en el anonimato, lo que hace difícil atribuir una obra en particular a cierto escultor de bronce. A esto se debe agregar que era una práctica común entre los “bronziers” que se vendieran piezas entre sí e incluso copiar o readaptar los diseños de otros. Cuando están firmados, generalmente llevan el nombre en la esfera y puede ser el nombre del broncista; el nombre del vendedor, o el fabricante del mecanismo de relojería (la máquina).
Un pequeño reloj, generalmente cubierto por una campana de vidrio, podría costar 150 francos y 7.000 francos por las obras más grandes destinadas a decorar los pasillos de palacios y casas grandes. El precio total comprendió el trabajo de los diferentes artesanos involucrados en su proceso de fabricación: alrededor del 10% para el diseño del modelo, fundición, el 20%, cincelado, el 30%, dorado, el 30%, el movimiento -la máquina- sólo representó entre el 5 y el 10%. Esto significaba que alrededor del 90% de los costos de producción eran la escultura y la fabricación de las cajas.
Los relojes se fabricaron siguiendo el estilo entonces en boga, el estilo del Imperio, una fase dentro del ámbito neoclásico, basada en el arte clásico de la antigüedad; tanto la antigua Grecia como especialmente el Imperio Romano.
Aunque había una gran diversidad de formas de caja, las más comunes y populares eran los relojes con una base rectangular u oblonga sostenida por cuatro (o más) patas de diferentes formas y patrones. El frente del pedestal normalmente estaba decorado con guirnaldas, zarcillos de acanto, acroteras, coronas de laurel, pergaminos, flores y otros motivos decorativos clásicos, o representando escenas mitológicas y alegóricas finamente modeladas en relieve, como el friso de un templo grecorromano. En la parte superior de la base (en el centro o a un lado) se apoyaba el zócalo que albergaba la esfera del reloj, sin embargo, en otros modelos también se colocaba en ruedas de carro, rocas, escudos, globos, troncos de árboles, etc.
Estos cronómetros fueron adornados con bellas figuras alegóricas del arte y las ciencias, representaciones de dioses; diosas, musas, cupidos, héroes literarios clásicos y otras varias composiciones alegóricas o mitológicas de bronce. Algunas veces personajes principales como Alejandro Magno, Julio César, Napoleón Bonaparte. Filósofos y autores clásicos, también fueron el tema principal. Por lo tanto, también se conocen como relojes figurativos o escultóricos, en lugar de arquitectónicos.
Otra de las fuentes de inspiración del escultor para la composición de un determinado diseño de reloj, fueron las esculturas clásicas y las pinturas famosas de entonces. Ejemplos de la primera incluyen “El sueño de Ariadne” y “Psique reanimada por el beso de Cupido” de Antonio Canova, o “Psique coronando al Amor” a partir de un modelo de Claude Michallon. En pintura se pueden citar el “Juramento de los Horarios” por Jacques-Louis David, Héro et Léandre por Pierre-Claude-François Delorme, etc.
Los dioses clásicos sirvieron de modelos y símbolos para la época. Por ejemplo, los relojes de carro o “pendules au char” eran una categoría excepcional dentro de los relojes Imperio, Apolo, Diana y Cupido, representados como conductores de carros triunfantes, fueron los dioses más populares utilizados. Fue habitual durante los tiempos napoleónicos y, en particular, bajo los regímenes del Directorio y el Consulado que los relojes glorifican la conducta de la guerra.
Los relojes del Imperio en general y los ejemplos más grandes y notables en particular de los mejores broncistas, como Pierre-Philippe Thomire, Claude Galle, André-Antoine Ravrio, Louis-Stanislas Lenoir-Ravrio, etc., se consideran algo más que relojes. También son obras de arte, estudios escultóricos, donde el equilibrio en la composición y el estudio de los objetos, los animales y las formas y expresiones de los cuerpos humanos se reflejan con cuidado y meticulosamente en las figuras de bronce, logrando un alto grado de realismo, perfeccionismo y delicadeza. .
Temas domésticos y románticos, como el “Templo del amor”, ganaron popularidad después de la caída del Imperio de Napoleón. Durante la Restauración (1815–1830), la representación de las escenas de guerra no fue tan común como en el Primer Imperio.
Finalmente, bajo el reinado de Carlos X (1824–1830), los diseños de la caja empezaron a desarrollarse gradualmente desde un clasicismo proporcional y estricto hacia un estilo barroco que anunciaba el eclecticismo y el historicismo en formas, tan típicas, por otro lado, de El resto del siglo XIX. Es por eso que, durante la segunda mitad de ese siglo y principios del siglo 20, entre todos los diferentes estilos de renacimiento de los relojes de repisa disponibles; También se fabricaron relojes de estilo rococó, Luis XVI, etc., en estilo Imperio, normalmente eran réplicas o adaptaciones basadas en modelos preexistentes.