08/03/2026
Totalmente de acuerdo
Te vi llorando cuando Estados Unidos entró en Irak, pero nunca te vi protestando por los abusos que cometía Sadam Hussein durante décadas. Un dictador responsable de persecuciones, guerras y represión brutal contra su propio pueblo, incluyendo el uso de armas químicas contra población civil kurda.
Te vi llorando cuando Estados Unidos entró en Afganistán, pero nunca te vi llorar por las mujeres azotadas en plazas públicas, por las niñas a las que se les prohibía estudiar o por las ejecuciones públicas que los talibanes realizaban en estadios. Lloraste durante veinte años por la ocupación estadounidense, pero cuando se marcharon y los talibanes regresaron al poder con aún más restricciones y abusos, de repente el silencio apareció.
Te vi llorando cuando se cuestiona o se intenta sacar del poder a Maduro, pero nunca te vi llorar por el hambre, la miseria, la inflación descontrolada, los presos políticos o las tanquetas que han pasado por encima de manifestantes en Venezuela. Eso, curiosamente, nunca parece indignarte demasiado.
Te veo llorando constantemente por el llamado “bloqueo” a Cuba, pero rara vez te veo denunciar los abusos de la dictadura, las palizas a manifestantes, el hambre, los apagones interminables o los hospitales sin recursos. Te preocupa la narrativa internacional, pero no la vida cotidiana de los cubanos que viven allí.
Te vi llorar por Palestina —y cualquier muerte de civiles inocentes debería doler siempre—, pero no te vi llorar por Ucrania, un país invadido militarmente, con ciudades bombardeadas, miles de civiles mu***os y millones de personas desplazadas. Para ti, eso parece ser solo una “operación especial” conveniente.
Ahora te veo llorando por Irán, pero nunca te vi protestar por las mujeres encarceladas o golpeadas por no llevar correctamente un velo, ni por los miles de manifestantes asesinados o encarcelados por protestar contra la dictadura que gobierna ese país desde 1979.
En resumen, querido zurdo: la sensación que transmites es que no te importan realmente las causas justas ni las víctimas. Lo único que parece importarte es que la narrativa sirva para atacar a Estados Unidos.
Porque si de verdad te preocuparan los derechos humanos, denunciarías cualquier abuso, venga de donde venga.
Y hay un detalle final que habla por sí solo: las colas para escapar no están en Cuba, ni en Rusia, ni en China.
Las colas están en la frontera de Estados Unidos.
No porque sea un país perfecto. Ninguno lo es. Se cometen errores, injusticias y contradicciones, como en cualquier sociedad humana. Pero hay una realidad difícil de ignorar: cuando millones de personas están dispuestas a dejarlo todo, cruzar desiertos, mares y fronteras, y arriesgar incluso su propia vida para llegar a un mismo lugar… eso dice mucho más que cualquier discurso.
Dice que, a pesar de todos sus defectos, allí aún ven algo que en muchos otros sitios no encuentran: una oportunidad.