11/02/2019
Él la mató.
Pero no la mató por chata, por delincuente o por criminal.
No la mató por pobre, por poco estudiado o por ser joven.
No la mató por celoso, por odio y mucho menos por amor.
Tampoco la mató por ser hombre, por enfermo o por estar loco.
No...
La mató porque desde niño le enseñaron que los hombres no lloran, que expresar emociones es para débiles y que un hombre de verdad siempre debe darse su lugar.
La mató porque le enseñaron que las cosas se resuelven con violencia, que está bien expresarse con ira y que se valen golpes o balas para defender su punto.
La mató porque nunca le dieron herramientas para lidiar con la frustración, para manejar su enojo y para gestionar sus emociones de forma constructiva.
La mató porque aprendió que las mujeres están al servicio de los hombres, que son objetos sexuales y que deben respeto y lealtad a su pareja.
La mató porque desde niño vio como normal acosar en la calle, dominar en la cama y mandar en las relaciones.
La mató porque aprendió que en este sistema patriarcal ellas están por debajo de los hombres y sus vidas no valen lo mismo.
La mató porque nunca le enseñaron que el amor no es posesivo, no domina ni posee, creyó que amar es poseer y controlar.
La mató porque nunca tuvo la oportunidad de aprender algo distinto...
Y así hay muchos hombres, con aprendizajes equivocados, con conceptos erróneos de lo que es la masculinidad, las relaciones y el amor. Hay muchos hombres que se duelen en silencio, que no expresan emociones y que controlan y dominan por miedo y frustración. Hay muchos hombres que, guiados por lo que aprendieron, ejercen poder y control, violentan y matan.
Pero lo que se aprendió se puede desaprender. Lo que se ha normalizado se puede desnormalizar. Lo que ha sido enojo y violencia se puede convertir en alegría y cuido.
No podemos hacer nada por Eva y las cientos de mujeres asesinadas en manos de estos hombres, nos duele sus muertes, pero no podemos salvarlas ya. Pero podemos salvar a las demás mujeres, a las adolescentes, a las niñas, a las que no han nacido.
Podemos educar diferente a nuestros niños, enseñarle algo distinto a nuestros jóvenes y ofrecerles a nuestros hombres adultos formas diferentes de resolver las cosas.
Podemos enseñarles que la violencia NUNCA es una opción, que está bien ser afectuoso y que el cuido forma parte del mundo masculino.
Podemos enseñarles a entablar relaciones saludables, con respeto, comunicación y libres de violencia.
Podemos enseñarles que las mujeres no nos pertenecen, que el amor no domina y que merecen el mismo respeto y libertad que nosotros.
Podemos enseñarles a no matar, a no violentar, a no pelear.
Podemos enseñarles paz.
Por Eva, por ella y por todas.
Para que no muera ni una mas.