22/07/2026
Han pasado siglos, han cambiado los ladrillos y las pantallas, pero el mecanismo sigue intacto: mantener a la gente entretenida mientras unos pocos acumulan poder, dinero y obediencia. Antes era el Coliseo; hoy son macroestadios, reality shows, patriotismo de merchandising y ruido constante para que nadie mire el precio de la vivienda, la precariedad, los recortes o el saqueo cotidiano. No temen una población enfadada, temen una población consciente. Por eso invierten tanto en espectáculo: porque un pueblo distraído molesta menos que un pueblo organizado.